Una pregunta que me hacen seguido: ¿para qué estudiar Ciencias Políticas si tu trabajo es construir empresas?

La respuesta corta es que no encuentro forma de entender los negocios en Argentina sin entender la política. No como telón de fondo, sino como variable estructural. Las reglas del juego acá no las fija el mercado solo —las fija la relación entre el Estado, los grupos de interés y los ciclos de poder. Ignorar eso no es ser pragmático; es operar con un mapa incompleto.

La respuesta larga empieza en otro lado.

El problema del ruido

Argentina genera una cantidad enorme de opinión política y muy poco análisis. La diferencia no es ideológica sino metodológica: el análisis separa lo que pasó de lo que debería haber pasado, identifica causas, distingue lo estructural de lo coyuntural. La opinión colapsa todo eso en un juicio moral inmediato.

Estudiar historia política y teoría del Estado es, entre otras cosas, entrenarse para tolerar la complejidad sin resolverla prematuramente.

Lo que me deja el Marketing Político

El curso de la UNTREF me dio algo distinto: la política como práctica. Cómo se construye una narrativa, cómo se segmenta un electorado, cómo funciona la comunicación en contextos de alta desconfianza. Herramientas. Y las herramientas viajan: buena parte de lo que aprendí ahí lo aplico en estrategia de marca y en la construcción de posicionamiento para los negocios en los que trabajo.

La frontera entre marketing político y marketing comercial es más porosa de lo que parece.

Eso es lo que estudio y por qué. Seguiré escribiendo sobre esto —y sobre lo que voy leyendo— en las próximas entradas.